Coronas y Yelmos

Fueron usadas las coronas de oro orladas de pedrería, base más inmediata de las coronas actuales, por el Emperador Carlomagno, otorgándolas como un concepto de dignidad nobiliaria y jerárquica por vez primera. Los primeros monarcas españoles que usaron corona, fueron Teudís, coronado en Sevilla en  el año 548 y Leovigildo en el 574.

Las coronas actualmente usadas son las siguientes:
 
Tira PontificiaTira Pontificia
Su primitivo origen fue un gorro oriental cerrado en su parte superior, igual que los usados por los egipcios, medos y persas como símbolo de soberanía y mando..
 
Consiste hoy en una mitra alta, ceñida por tres coronas que simbolizan sus tres dignidades, la sacerdotal, la real y la imperial, con una cruz surmontada sobre un globo dignidades, la sacerdotal, la real y la imperial, con una cruz surmontada sobre un globo, usada así definitivamente por el Pontífice Benedicto XII en 1342.
 
Corona ImperialCorona Imperial
Está constituida por un cerco de ocho florones y un bonete escarlata en forma de mitra baja, del que penden dos tiras con franjas, una a cada lado, sosteniendo el bonete dos diademas de oro cargadas de perlas y entre ellas otra rematada en lo alto por un globo centrado y cruzado por una cruz de oro.
 
Corona RealCorona Real de España
Constituida por un cerco o cintillo de oro cubierto de perlas y piedras preciosas, realzado de ocho florones de forma de hojas de apio levantadas, entre las que se interponen ocho puntas más bajas rematadas en su punta por perlas, y apoyadas en los florones sendas diademas de oro cargadas de perlas y unidas al centro, cimadas de un globo centrado y cruzado de una cruz de oro.
 
Príncipe de AsturiasCorona del Príncipe de Asturias
Idéntica que la Real de España, pero con cuatro diademas en vez de ocho.
 
 
 
 
Corona de DuqueCorona de Duque
Cerco de oro adornado de perlas y pedrería, realzado de ocho florones en forma de hojas de apio, levantadas, cubierta de un bonetillo de terciopelo rojo, rematado en un botón de oro; esta corona es propia, además, de los Grandes de España, aunque no tengan dignidad ducal.
 

Corona de Marqués

Corona de Marqués
Cerco de oro engastado en pedrería, realzado de cuatro florones de apio, y doce perlas puestas entre ellos, agrupadas de tres en tres sobre una punta,
 
 
Corona de CondeCorona de Conde 
Cerco de oro guarnecido de pedrería y realzado de dieciocho perlas sostenidas por puntas.
 
 
 
Corona de VizcondeCorona de Vizconde
Constituida por un cerco de oro esmaltado y realzado de cuatro perlas gruesas sostenidas por puntas.
 
 
 
Corona de BarónCorona de Barón
Cerco de oro esmaltado con brazalete o rosario doble de perlas que lo rodea en banda, surmontado de seis perlas gruesas, sin levantarlas sobre puntas.
 
 
 
Corona de SeñorCorona de Señor
Similar a la de Barón, pero sin perlas.
 
Yelmos
 Recibe esta denominación también llamado celada la pieza de la armadura que servía para cubrir y defender la cabeza y el rostro, disponiendo de una visera móvil, que se podía alzar y bajar, según se quisiera, y que tenía un enrejillado de modo, que aún estando bajada permitía ver al caballero así cubierto. Cuando esta pieza se coloca sobre el escudo de forma siniestrada indica bastardía.
Modernamente los Reyes, Grandes de Espana y Títulos del Reino suelen timbrar sus armerías únicamente con la respectiva corona, quedando los yelmos para los hidalgos o caballeros; ello no obstante procedemos a describirlos todos.
 
Yelmo RealYelmo de EmperadorYelmo de Emperadores y Reyes
 Constituido de oro cincelado y grabado, está forrado de terciopelo carmesí y heráldicamente se le representa de frente con la visera enteramente abierta, si ésta se representa cerrada ha de tener once rejillas o barras,   Yelmo de Príncipes y Duques soberanos
 Igual que el de los Reyes, pero con el ventalle menos abierto,
 
Yelmo de Duque
De plata forrado de gules, puesto de frente y con nueve rejillas claveteadas y con bordura de oro.
 
Yelmo de Marqués
Igual que el ducal, pero con siete rejillas en el ventalle o visera.
 

Yelmo de Caballero

Yelmo de Conde
 De plata, forrado de gules, pero representándolo terciado, mirando a la diestra, con siete rejillas de oro y bordura de oro claveteada.
 
Yelmo de Vizconde       
Igual al de Conde.
 
Yelmo de Barón
Igual a los dos anteriores, pero con sólo cinco rejillas en el ventalle.
 
Yelmo de hidalgo o caballero
De acero bruñido, puesto terciado, con cinco rejillas en la visera y con un burulete o penacho de plumas reproduciendo los colores de su escudo, Cuando los soberanos, y nobles titulados timbran sus armerías con yelmos, es normal que coloquen además sobre ellos sus respectivas coronas en lugar del penacho de plumas de los hidalgos.
 
Cimera   
Es una pieza ornamental poco usada en la Heráldica española, y que consiste en una figura, que normalmente se repite en el interior del escudo, y que va colocada sobre el yelmo.
 
Capelos y otros emblemas eclesiásticos
Los capelos son sombreros de copa baja y redonda y alas muy anchas de los que penden cordones rematados en borlas.
 Los cardenales lo traen rojo con 15 borlas; los arzobispos de sinople con 10 borlas; los obispos también de sinople con seis borlas, e igual el de los abades, pero con sólo tres borlas.
Otros prelados usan en lugar de capelos una mitra y un báculo sobresaliendo de la parte alta del escudo, y otros, especialmente los cardenales y arzobispos acolan su armería, por debajo del capelo con una cruz de uno o dos travesaños, según tengan o no dignidad patriarcal.
Los abades y abadesas no mitrados, circundan sus escudos con un rosario, acolándolo a una cruz latina, siendo el escudo de las segundas de forma ovalada o de losange.
 
Lambrequines
Son adornos multicolores que, partiendo de la parte trasera del yelmo o de la corona, vienen a rodear el escudo en variadas formas que dan pie al capricho de quien lo representa: hojas de acanto, plumas, cintas haciendo volutas, etc. Su origen se halla en el capirote o mantelete que se colocaban los caballeros en sus yelmos, para, por sus colores, ser distinguidos de propios y enemigos, que lógicamente acababan siendo rasgados y hechos girones, evidenciando el fragor del combate sostenido. Tanto los lambrequines de hojas, como los de cintas o plumas han de ser de idénticos colores que los que figuran en el interior del escudo, tomando los del principal de ellos, cuando se trata de una suma  armera. Nunca deben representar más de un metal y un color, y si en aquel intervinieran más de dos, se elegirá el principal de los metales, oro, y guardándose esta jerarquía para los colores, gules, azur, sinople, púrpura y sable.
 
Ternantes y soportes
Son figuras heráldicas que aparecen en los escudos en posición de sostenerlos por ambos flancos. Las figuras con rostro humano, hombres, ángeles, sirenas, etc., son tenantes; las figuras de animales sean naturales o fantásticos, o las piezas de arquitectura, como balastradas, volutas marmóreas, etc. son soportes.
 
Banderas y estandartes
Como muy bien dice La puente Benavente «... el origen de la primera bandera deberá remontarse al primer pueblo que hizo la guerra, por lo que, siendo las luchas tan antiguas como el hombre mismo, resulta dificilísima su investigación y deducir con certeza quiénes la usaron primero». Materialmente  se la puede describir diciendo que es una insignia compuesta de un fragmento o pedazo de tela, engarzado en un largo palo, denominado asta, y que por ser fácilmente visible han adoptado como símbolo las naciones, los ejércitos, las ciudades, las tribus, los gremios o agrupaciones y las familias. Se deriva etimológicamente su nombre del germánico «bandra» = banda o signo. Por lo que a la Heráldica conviene, diremos que es frecuente encontrar banderas o estandartes rodeando los escudos, significando bien trofeos ganados al enemigo en alguna acción guerrera, bien un mero distintivo personal o familiar; no siempre, en estos supuestos, son indiciarias de guardar relación con la milicia, aunque suelen ser los militares de elevada graduación– almirantes, capitales generales – quiénes más frecuentemente las usan, aunándolas con bastones de mando o bengalas y anclas.
 
Divisas o lemas
Se denomina así a la breve y expresiva sentencia que figura en una cinta, banda o listón, que colocada tremolando y haciendo volutas – para mejor simular un gallardete – se coloca sobre el escudo o por debajo de éste. Hay divisas tradicionales en una familia, dinastía o nación, y otras que adopta cada individuo, siendo muy generalizada la costumbre de redactarlas en latín, y ello incluso lo encontramos así en armerías anglosajonas. El lema se ha llamado también «voz de guerra» cuando se trata de una frase imperiosa de mando, que los caudillos lanzaban en el combate, recordada después de generación en generación al quedar plasmada tradicionalmente en la parte externa de un de- terminado blasón.
 
Collares e insignias
En otro lugar de esta misma obra encontrará el lector lo relativo a las corporaciones nobiliarias; diremos aquí que distintivos de ellas son los collares, las cruces, bandas y encomiendas, por lo que el ornar con tales piezas una armería debe ser siempre característica personal y no de linaje, pues no es de derecho hereditario el pertenecer a aquéllas. En España los collares que más generalmente vemos circundando los escudos, como adornos externos de los mismos, son los de la Insigne Orden del Toisón de Oro, y la Orden de Carlos III. Por lo que respecta a las cruces, las usuales en nuestra Heráldica son éstas. Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, Orden de San Juan de Jerusalén (Malta), Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, Reales Cuerpos de Hijosdalgos de la Nobleza de Madrid y Nobleza de Cataluña y Hermandad de Infanzones de Illescas. Estas cruces se colocan acoladas, es decir, puestas detrás del escudo de modo que sobre- salen de los cuatro lados del mismo los respectivos brazos de aquéllas lo suficiente para poder diferenciarlas. Las demás corporaciones nobiliarias, u órdenes civiles y militares adornan externamente los escudos, por lo general, pendiendo de una cinta con los colores característicos de la entidad.

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